Critica

IA en las organizaciones: la innovación también es identidad

Martes, 7 de julio de 2026

Por Aisén Etcheverry y Julieta La Casa

Seis años atrás, el covid-19 obligó a empresas, colegios, universidades y organismos públicos a implementar, sin un proceso de planificación o de discusión, el teletrabajo. En solo unas semanas las videoconferencias se volvieron la herramienta tecnológica más utilizada e invadieron el día a día de millones de personas en el mundo entero. La solución permitió la continuidad de muchas actividades fundamentales, pero también generó cansancio, el aumento sin control de la carga laboral -particularmente para las mujeres, que sumaron a su trabajo las tareas domésticas y de cuidado 24/7- y un incremento sustantivo de los problemas de salud mental en todas las edades. Estas consecuencias negativas, ¿significan que las videoconferencias son malas? La respuesta es un rotundo no.

Lo que esa experiencia nos enseña es que la implementación de tecnología sin planificación ni capacitación y, por sobre todo, sin acuerdos dentro de las organizaciones tiene riesgos enormes y completamente evitables. Hoy la tecnología en auge es la IA: frente a su desembarco acelerado podríamos esperar que la historia no se repita. Sin embargo, como tantas veces en el pasado, eso no es así.

En las últimas semanas conocimos casos que han dado la vuelta al mundo y que son el claro síntoma de la irrupción de una tecnología y su implementación sin criterios explícitos ni proyección: el seguimiento en vivo del uso del computador de los trabajadores para entrenar la IA de la empresa en la que trabajan; huelgas para exigir la participación de los trabajadores en las ganancias generadas como consecuencia de la aplicación de esta tecnología e, incluso, el "destilado" de trabajadores como parte del proceso de desvinculación de los empleados en empresas chinas. Cada uno de estos casos representa conflictos, pérdidas de confianza en el entorno laboral y frustraciones que impactan no solo en la calidad de vida de las personas involucradas, sino también en la productividad y el estándar de lo que esas mismas organizaciones hacen. En el tiempo del covid no había opción, tuvimos que implementar sin planificar y pagar las consecuencias por ello. Hoy no nos acecha una pandemia pero los ritmos precipitados del desarrollo de la IA amenazan con arrinconar los espacios de reflexión y revisión.

¿Cuáles son los acuerdos internos y criterios dentro de una empresa u organización sobre los usos de la inteligencia artificial en las rutinas laborales? ¿Cuánto espacio hay para generar esas discusiones? En Crítica realizamos un ejercicio de constante revisión sobre nuestra integración de IA. Somos un equipo diverso y también lo es el uso que hacemos de las distintas herramientas tecnológicas en el ámbito profesional. Sabemos que nuestra prioridad es no decepcionar a nuestro propio equipo de trabajo, ni a nuestros clientes. Trabajamos con un enfoque experimental y eso requiere de toda la singularidad, creatividad, perspectiva crítica, experiencia y curiosidad de cada persona. Nuestra propia experimentación nos permite acompañar a otras organizaciones a trazar su propio camino. Una política de uso de inteligencia artificial ya no puede ser algo accesorio. Hoy, los términos en los que una empresa integra la inteligencia artificial en sus procesos, servicios o productos debería ser parte de su carta de presentación, su identidad. Todavía tenemos tiempo de pensar, debatir, planificar y avanzar, todo comienza con hacerse las preguntas necesarias.

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